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ARTÍCULO Inefable Tafanario por Gustavo Alejos Villar El tafanario es inefable y es fetiche nacional. Y del tafanario se desprende aquella poco comentada pero atávica obsesión: la culofilia(1). Dulce y obscura filia por cierto, culpable de que el trasero femenino resulte fetichizado inacabables veces en este lado del mundo. La locura de un antropólogo diría que mientras en el otro hemisferio (léase anglos, nórdicos, etc.) existe la fijación milenaria de asociar la fecundidad con los senos (tetas de por medio están Claudia Schiffer, Heidi Klum, Pamela Anderson, etc.) por esta mitad del mundo (léase latinos, negros, etc.) asociamos aquellos valores con las caderas (nalgas de por medio sobran todos los ejemplos). Por ello mismo que muchas de nuestras manifestaciones culturales sean culocéntricas: la moda, el vedetismo, el lenguaje soez, el lenguaje erótico, la pornografía, etc. Debe entenderse además que no es lo mismo referirse a un trasero masculino que a uno femenino, ya que nunca causarán efectos símiles, el primero es un artefacto funcional, el segundo es evocativo, ornamental y con un código estético propio. Inefable tafanario es un modesto tributo al fetichismo del culo(2), narrando de paso algunas ocurrencias luego de que nuestro fetiche fuere expuesto en algún momento de la historia: siempre es un escándalo exhibir un trasero. Bien lo supo Rubens(3), por ejemplo, que en el siglo XVII escandalizó a la sociedad europea al mostrar en sus cuadros dulces escenas de regocijo y contemplación llenas de féminas robustas y desinhibidas exhibiendo sus rubicundos atractivos posteriores. Lo acusaron de inmoral y pornográfico. Con el tiempo, sin embargo, la censura moral se transforma en curiosidad y expectativa ya que no se espera que nadie que tenga una vida pública en el arte o en el espectáculo, muestre el trasero. En 1953 el joven Hugh Hefner publica el primer número de la revista Playboy(4), y si bien es cierto que el desplegable central no mostraba un trasero completamente expuesto, muchas de las demás fotos del pictorial centraban su atención en el delicado y portentoso tafanario de la incomparable Marilyn Monroe (famosa tiempo después por ello mismo). Si Marilyn supiera el daño que nos hizo a tantos. Tinto Brass(5), director de cine erótico italiano radicado en España, mostró el trasero de Silvana Mangano en 1964, en la película El Disco Volador; y este atrevimiento impensable, convirtió a la Mangano en uno de los sex symbols de la época y a Brass, en el genio censurado del erotismo. Brass, culofílico y culómano convicto y confeso, a dedicado, en innumerables películas posteriores, incansables horas de talento inspiradas en la reivindicación y adoración del trasero femenino, y posee un arsenal de actrices que además de bellas, tienen en común que todas están dotadas de traseros soberbios y absolutos. La referencia verbal que se hace del trasero en las distintas sociedades dice mucho de su consideración cultural. Es gringada conocida el exclamar «kiss my ass», lo cual no es más que decirle a alguien que no importan sus argumentos y que se largue a freír monos. Pero aquí exclamar la traducción: «bésame el poto» sería motivo para ser cogido a golpes por cualquiera, suena a mariconada. Lo mismo sería el bajarse los pantalones para enseñarle el trasero a alguien, en gringolandia eso es burla, aquí es solicitud de violación agravada, ¡habráse visto a alguien sacando cachita mostrando el culo!. En España existe la expresión «tomar a alguien por culo» que no es más que sorprender a alguien abruptamente y con malicia. Eso ya se parece más al uso coloquial que le damos aquí. Cuando nos referimos con generalidad a cualquier trasero, se hace referencia a él como si fuera el último bastión de la honra humana, por eso se le amenaza: «mételo al.....», «te rompo el....». O sino es desaprobación: «esto está hasta el culo». Pero cuando se hace referencia al trasero femenino, en primer lugar se asocia a cantidad o tamaño: «un culo de gente», «me falta un culo»; y luego se le asocia al mismísimo sexo bello: «¿hay buenos culos en el tono?», «¿ya te conseguiste un culo?». Eso es, resulta mezquino pero se reduce a la mujer a eso, a su culo. No ha de sorprender entonces que teniendo interesantísimas representantes de la belleza tafanaria, la bajura de lo vulgar haya ofendido también a nuestra sublime y nunca bien ponderada apreciación del trasero nacional. Por eso aquí se confunde armonía con esteatopigia(6), y podemos iniciar la queja recordando, como primera cita, a Susan León, que en algún momento designó el triste arquetipo del culo peruano: inmenso y celulítico. Pero es sin duda con la prensa chicha con la que tocamos fondo. La utilización de fotografías con lentes que deforman los ya gordos traseros del vedetismo de tercera, hicieron que se empapelara la cuidad de culos «hasta el culo» (recuérdense Yeguabellas, Díaz y el horror máximo: Adaros ilustre representante del aceite de avión, desproporción y deformidad). ¿O simplemente habrá que aceptar que ese es el patrón estético nacional?. Dudamos mucho de esto último ya que siempre hubieron excelentes muestras de calidad tafanaria. En los 80 fue Patricia Cabrera, sin duda, la que ostentó uno de los traseros más bellos y proporcionados. Ojo que no es solamente poseer un trasero hermoso sino la manera cómo este es expuesto. Por ello mismo en los 90 reinó la inalcanzable Olenka Zimmerman, sin discusión alguna. Quedarán en el recuerdo su calendario y sus notables apariciones en el programa Zona de Impacto. ¿Quién heredará el trono?. En el mainstream del espectáculo mundial se supone que es Jennifer López la que lleva el estandarte de bumgirl. La verdad es que ponemos en tela de juicio esa apreciación, está durito pero muy grande (discúlpanos Ben Afflek). En nuestro concepto abundan mejores ejemplos latinos, por cierto, las gringas no siempre tienen trasero, y esa es una verdad. Sofía Vergara es uno de ellos, también Monica Belucci, Natalia Paris, Elle McPherson, Kylie Minogue, etc. Y cómo no recordar a la ya mencionada Marilyn, a Laura Antonelli, Cindy Crawford, Brigitte Bardot, Kim Basinger y demás musas «retroactivas». Amén para esos corazones invertidos. Nuestro modestísimo muestrario incluye a: Cindy Crawford (la
más bella de los 90, sin duda). Erika Eleniak (conejita Baywatch,
portentosa). Marilyn Monroe (eterna, absoluta). Y otras anónimas
que gráciles, han donado ignorantes las imágenes de sus
delicados artefactos para alegrar los espacios vacíos de este ensayo
improductivo. |
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