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CINEFILIA El Boxeo, junto con el béisbol, ha producido algunas de las mejores películas de Hollywood. El drama de participar en una competición tiene el potencial de secuencias de conflicto y de acción, y esto puede ser edificante así como también estimulante. El boxeo es muchas cosas: nuestra versión de guerreros modernos, de gladiadores que pelean y sangran para la satisfacción de un gentío sediento de sangre. El Boxeo es también el único deporte donde los combatientes son muy explotados, y este es el "golpe" en las películas de Hollywood. Cuando Chuck Wepner se enfrentó a Muhammad Ali, en la audiencia se encontraba un ambicioso actor: Silvester Stallone. Wepner, un boxeador de segunda categoría, que trabaja a medio tiempo en una licorería y que servia de "saco" para entrenar a boxeadores como Joe Frazier o George Foreman, e inclusive al mismo Ali, tubo la "osadía" de llegar con una popularidad inusitada a esta pelea, ya que si bien Wepner era un desconocido en el ambiente boxístico, en su natal New Jersey era muy popular. En una de sus primeras acometidas de Wepner, logró tumbar al más grande. Ali explotó al máximo, adujo la caída a un tropezón y no a un golpe. Herido en su amor propio, Ali virtualmente "masacró" a Wepner ante un insólito coliseo que vitoreaba al pobre de Chuck. Stallone basó su Rocky Balboa (Balboa y no Graziano, onazo) en Wepner.
Balboa es un batallador cuyo talento por mucho tiempo había sido desaprovechado, y cuando él sale elegido para la pelea de campeonato, es su última oportunidad para lograr la redención. Rocky pudo haber sido un buen luchador, pero ahora él está peleando en clubes de la parte marginal de Filadelfia, para un público que antes que clase, pide sangre y hombría al pelear. La historia de amor con su "simplísima" novia Adrian, interpretada por Talia Shire, termina por completar el cuadro de esta versión de David y Goliat. Al decidirse Balboa que él se quiere entrenar solo y dar en esta pelea todo lo que él había dejado, ella se encarga de estar a su lado, vigilando a Rocky levantarse por las madrugadas, viendo sus vomitivas dietas, etc. Cuando él corre cuesta arriba del Art Museum the Philadelphia, todos nosotros aplaudimos. Las creencias tambaleantes que él realmente podría ganar ese encuentro la noche anterior de la pelea, se caen al suelo cuando el promotor de la pelea le dice fríamente: "haga usted un buen show". Rocky se da cuenta de que él no tiene ninguna oportunidad, pero lo que tiene él es coraje para confrontar lo inevitable. La pelea es un asunto brutal con fuertes golpes de ambos lados, antes de que Creed gane la pelea por decisión, y el orgullo de Rocky se ha recuperado. Mientras Stallone procedería a crear cuatro películas más de Rocky, esta fue la mejor y debió haber sido la última. Aunque la vida de Wepner es la base que inspiró Rocky, la historia de Chuck no cuenta con secuelas y, desafortunadamente, éste se convirtió en adicto a la cocaína y pasó tres años en prisión por posesión de drogas, pero cuando salió encontró trabajo como orador motivacional.
Diana vive con su padre desempleado y jugador, quien le paga con mucho esfuerzo las clases de box al hermano de ella. Sin embargo, éste no disfruta del boxeo. En cambio, prefiere escuchar jazz y estudiar. Secretamente los hermanos llegan a un arreglo y el dinero pasa a pagar las clases de ella. El film muestra el aprendizaje sin llegar a caer en escenas "rockysticas" como persecuciones de gallinas o dietas excesivas. Su padre se entera por causalidad y la confrontación explosiva entre ambos no se hace esperar. Ambos salen al ruedo con rencores, olvidos, remordimientos y mucha bronca. No será el último encuentro y ella lo sabe. Diana (interpretada magníficamente por Michelle Rodríguez), es una persona hosca, una versión femenina de Mike Tyson, que en el ring encuentra el escape diario que necesita su vida. Aunque Diana tiene el aspecto de una perra rabiosa y asesina no llega a descolocar rotundamente a sus oponentes del mismo sexo. Esta característica de realismo es justamente lo que juega en contra cuando debe enfrentar a un varón. Allí Kusama se deja dominar por el complejo de David/Goliat; el deseo de ver ganar a su fémina frente a la imponencia y al poder del otro. Debo admitir que encuentro la última escena en la cual ella golpea a su novio por el campeonato amateur es increíble y llena de muchas implicancias. Para Adrian, ésta es la única pelea que él no quiere ganar, ya que se ve forzado a oponerse a la mujer que ama, y no la ve como un peldaño más a su profesionalización. El resultado final es inimaginable y devastador. Las escenas de boxeo en Girlfight son dignas de ver.
Experto en los ambientes y arquetipos de la sociedad y habitantes de la Ciudad de México, Alejandro Galindo reflejó desenvoltura y naturalidad en sus personajes a lo largo de toda la cinta, en la que además de sus evidentes virtudes argumentales, nos sorprende por la habilidad con que su director resolve las dificultades técnicas. El uso del sonido fuera de cuadro, de los planos de reacción y los primeros planos evidencia la sofisticación alcanzada por el director en unos cuantos años detrás de las cámaras. El valor de Campeón sin Corona como película va más allá de los umbrales estrictamente cinematográficos y se inserta en el ámbito más amplio de la cultura popular mexicana, convirtiéndose de facto en uno de los grandes momentos de la cinematografía azteca que retrata como pocas veces la realidad de la marginación social mexicana del siglo XX.
Anthony Quinn actúa soberbiamente como el personaje central, aunque a los maquillistas se les pasó la mano. Así mismo, Mickey Rooney también exhibió un maquillaje exagerado, con los pómulos hinchados, las cejas rotas y las orejas de lechuga (singulares deformaciones que sufren numerosos boxeadores debido al cúmulo de golpes recibidos). Requiem for a Heavyweight se erige como una de las más certeras radiografías del mundo del boxeo, a través de la historia de un auténtico boxeador, el "Montaña Rivera" que encarna Anthony Quinn. Grandioso guión de Rod Sterling y la colaboración especial de Cassius Clay (Muhammad Ali antes de convertirse al islamismo), el púgil más emblemático de la década que debutaba ante las cámaras antes de convertirse en objeto de numerosas películas. Como Paul Simon escribió en su canción "El Boxeador", después de todo, después del sufrimiento: "the fighter still remains". |
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