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COLUMNA
Music Macho
Por: Carolina Rae
E-mail: caro_rae79@yahoo.com

¿Donde esta escrito que el conocimiento musical es patrimonio varonil?

Me pone de mal humor el encontrarme frente al tipo de sujetos que creen que saber algo de música (rock, ópera, clásica, etc) los reviste de cierta pose intelectual.   Me empeora el genio cuando además, estos sujetos creen que sólo ellos, los de su género, son los llamados al saber musical.   ¿Dónde aprendieron eso?.   Una vez, un tipejo en la universidad hablaba con un grupo de amigos sobre rock.  Como siempre me ha interesado el tema me acerqué hacia ellos pensando intervenir, pero de inmediato detuvieron su charla y con cierta displicencia el tipejo me dijo: «¿Y tu qué escuchas, Ricky Martin o Chayanne?».

No niego que muchas de nosotras nos hemos encargado de fortalecer este prejuicio porque a algunas, la música sencilla, una balada pop o música para discoteca, les es suficiente para bailar y distraerse un rato, sin necesidad de investigar más sobre lo que oyen.   Pero, ¿acaso los chicos no oyen ese mismo tipo de música?.   He visto a muchos mocosos emocionados y babeantes por Britney Spears y Hillary Duff, y para mí su caso es aún peor, porque mientras la música descartable para público femenino vende la ilusión de un galán romántico, a los pobres muchachos les venden música con sexo, y se aprovechan de que suelen andar en arrechura permanente para hacerles consumir los ladridos de la Britney, bien a la minifalda y exhibiendo la carne.   Entonces resulta estúpido que «los otros», los que creen saber de música, generalicen y crean que las mujeres no sabemos del tema.   No es cuestión de género, es cuestión de tener interés al respecto, nada más.

Luego de salir de la universidad y gracias a amigas y amigos desprejuiciados, pude adquirir cierta cultura musical, sobre todo del rock, porque me interesa mucho.  Me hubiera gustado nacer diez años antes para gozar los 80 en toda su plenitud, pero ni modo.  Sin embargo, hasta ahora encuentro en algún bar o alguna fiesta a aquellos representantes del más idiota de los prejuicios.   En el bar suelen marginar de sus charlas a las chicas cuando hablan de los últimos discos (de quien sea).   Nos ignoran olímpicamente, entonces el mal genio vuelve a mí.   Tal vez no deba enojarme tanto, pero cuando reflexiono sobre qué mujer existe en el medio local que haga crítica de discos en algún diario o una revista, y no se me ocurre ningún nombre, pienso: «o de verdad hay muy pocas mujeres conocedoras del tema» (lo cual es falso), «o en las idiotas redacciones deciden siempre darle esa sección a algún hombre» (porque así lo dictan los cánones).   Creo más en la segunda alternativa.   Esos redactores y sujetos a los que me refiero deben ser de aquellos que dicen que no ven el programa de Mabela Martínez porque es mujer, pues ellos se lo pierden.


Por eso ahora cada vez que estoy frente a estos «cultos» del audio, dejo que hablen un momento y mejor aún, los dejo que se enreden en sus datos (errados algunas veces, al final, los que creen saber más son los que menos saben), entonces cuando ya me hartaron empiezo a enunciar mis comentarios, corrijo sus datos incorrectos (la mayoría se sienten agredidos en este punto y no ha faltado imbécil que me haya faltado al respeto) y los invito amablemente a intercambiar alguna información (por ejemplo ahora escucho Tangerine Dream, The Bravery y The Scissor Sisters).   Los sujetos más interesantes para hablar sobre música son quienes no tienen ese prejuicio (creo que es obvio), por ello cada vez que me topo con un solemne «music macho», recuerdo al tipejo de la universidad y le demuestro que las chicas no sólo podemos saber sobre música, sino que podemos dominar el tema mucho mejor que ellos.   Es preferible que sólo rompan el silencio para escuchar música y aprender algo más que escupir su prejuicio.   Luego, cuando se dan cuenta de que una sabe y que podemos estar a la altura de cualquier conversación sobre el tema, me siento algo reconfortada, sobre todo después de verles el gesto idiota y de sorpresa por destruirles su creencia, esa mueca de retardo que sólo estos hombres pueden ofrecer.



Juliette Lewis, conocidísima actriz que ha suspendido su carrera actoral para dedicarse a lo que lleva en las venas: el punk rock, con su grupo «Juliette and the Licks».

 

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