CUENTO
Nada
por Jonathan Zamalloa Carrillo


- Qué es lo que no vale nada?
- Pero es que aparte de imbecil eres sordo?
- Es que no entiendo.
- En fin, lo dije y ya -seguía tomándome de la mano para que le apunte en la sien.
- (…)
- Suéltame, necesito secarme la frente.

Aproveché el momento para tratar de correr, hubiese sido más fácil sin muletas, lo sé, pero era mi única opción, necesitaba alcanzar la maldita llave e irme lo más lejos posible del lugar, ella usaría la última bala y no me dejaría otra manera de acabar más que morirme de hambre y era algo que no quería, tampoco quería que me matara otro lo cual hacía todo más complicado.

- Jajá crees que por que lo digas me detendré.
- No. Lo harás porque no puedes morir sin mí, es así como jugabas a decirme que ya no me amabas, recuerdas?
- Eso es historia, no tengo porque hacerte caso ahora, si estoy con estos malditos fierros en la pierna es por tu culpa así que déjame ir, además, no gastarías tu única oportunidad de morir en mí, no fue ese el trato.
- Al carajo con el trato, fuiste tú quien lo rompió primero.
- Eso no es verdad, sabes que no fue intencional, además, como iba yo a saber que se enteraría la prensa, solo fue un accidente, se disparó por error, y fue en parte un error tuyo, por dejarme salir.
- Sabías que él estaría ahí, lo tenías todo preparado, se te veía en los ojos, eras demasiado cobarde como para enfrentártele sin armas, fue eso, confiésalo perro!, fue eso -las lágrimas corrían por el chaleco, ella lo amaba, ahora lo sabía-.
- No te basta con verme la pierna destrozada y no verme la otra?

Traté de secarle las lágrimas, en el fondo yo también la amaba, muy en el fondo, pero ella me había dejado así, sin ganas de morir con ella. Tenía que terminar con ese maldito trato a como dé lugar, la abrasé, buscando que descuidara el revólver, fuerte.

- Sé lo que intentas hacer, pero sigue -me dijo-.
- Y según tú qué es lo que intento hacer?
- Ay niño, por eso me gustaba pasar el tiempo contigo, eres tan ingenuo.
- Pretendes que te crea que me amabas por ingenuo.
- No, yo nunca te amé.

Sabía que -mierda!- mentía, pero preferí hacerle creer que no, tal vez así se apiadaría un poco de mí, pero también, en el fondo, sabía que -mierda!- no lo haría. Todo era demasiado para mí, las manos me temblaban y no sentía mis palpitaciones, la muerte era eso, me estaba dejando el campo libre para huir y matarla porque sabía que no podía morir sin ella, yo era un incesto de palabra y ella la mejor manera de volver a encontrarme con el bastardo que desoía mis plegarias… la "besé", sin pasión pero sin dulzura, sólo le acerqué los labios, ella aún presionaba el revólver y lo siguió haciendo durante el tiempo que duró nuestro "beso", al separarnos noté que el arma estaba cada vez más opaca: la muerte andaba cerca, se le sentía en el ambiente, hubiese podido clavar una estaca en el aire, estaba todo extremadamente denso, todo.

Joz_°o°