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CINEFILIA
Los 400 Golpes
por El Ojo de La Marmota

A pesar de los innumerables e inaguantables debates intentando elogiar o vilipendiar el viril deporte el ring, este nos ha brindado un amplio conglomerado temático de exploración humana aguzando la creatividad de escritores, directores de cine e incluso empresarios, donde los anhelos; luchas; sacrificios; y otros conflictos internos de los boxeadores son el ingrediente primordial para su obra.

En esta sección opinaremos acerca de cuatro (04) películas ejemplificadoras de las variantes estéticas, protagónicas y de guión, abordados en ellas. Quizá el único elemento común en estas sea la línea argumental principal (inicios como amateur, entrenamiento, logro del éxito, cuesta abajo, debacle y decadencia del púgil), con la salvedad de que cada autor remarque alguno o más aspectos para lograr los objetivos perseguidos en cada una de las películas.

Comenzaremos con la que es considerada la mejor película de los 80 y una de las mejores de todos los tiempos:



El Toro Salvaje (Raging bull 1980) obra en la que Martin Scorsese nos ofrece una mirada sombría de Jake La Motta (Robert de Niro) un boxeador que vive como pelea y pelea como vive, donde los golpes adversarios atizan la furia inherente a la condición humana y que en su caso jamás fue educada, sino que se mantiene contenida a la espera cotidiana de la chispa que la encienda, para iniciar así el proceso de demolición contra el rival primero, y luego contra su entorno (hermano, esposa, hijos), hasta que finalmente los mismos puños que en algún momento lo llevaron a la gloria, terminan haciéndolo sucumbir no de una manera compasiva ni criminal, sino, natural, ante él mismo.
La filmación en blanco y negro, incrementa el contraste entre situaciones extremas o contrapuestas, es decir, una sonrisa, un llanto o una mirada se tornan aquí más expresivos. Es de resaltar la notable belleza visual del cruel realismo en las escenas de combate (en cámara lenta), lo cual nos hace flotar en los inexplorados límites de lo que entendemos como bello y armónico, además del monólogo final de Robert de Niro, solo comparables con los roles de viejo fumador de opio en Érase una vez en América (Once upon a time in America 1976) de Sergio Leone, o de conductor transformador del mundo en Taxidriver, también de Scorsese. Es también el caso mas increíble de cómo un actor puede convertir su personaje en realidad. La transformación física experimentada por De Niro ha pasado a la historia como el ejemplo extremo de dedicación histriónica, recompensada finalmente con un oscar.

Rocky (1976), en cambio, es una visión casi descriptiva del sacrificio personal por obtener el éxito. Rocky Graciano (Silvester Stallone) hijo de inmigrantes italianos, batalla disciplinadamente durante casi todo el film para alcanzar su sueño, el cual llega precisamente al final de la película. Típico argumento y estructura de film que realza la disciplina, los deseos de superación, la esperanza y otros valores que ciertamente el hombre posee pero difícilmente confluyen al mismo tiempo para obtener el objetivo trazado. En todo caso necesario para recordarnos que se pueden conseguir las cosas (materiales o no) si es que uno lucha por ellas. Comparable a algunas obras de Paulo Coelho, en la concepción de la búsqueda y superación humana a partir de si misma, muy distinta al Toro Salvaje donde ello no es perdurable ni siquiera se vislumbra sino la lenta espera de la caída, incluso en el éxito, como si se supiera que el triunfo y la gloria, son efímeros, nada más que espejismos que más temprano que tarde se desvanecerán a causa de nuestras propias manos.
Preparada como inicio de saga típicamente americana, el film es eficiente, no pretende mostrar ni sugerir más de lo que nos presenta. Sly luce convincente (como actor y guionista), y la incomparable banda sonora compuesta por Bill Conti quedará como himno para la posteridad.

Cuerpo y Alma (Body and Soul 1947) de Robert Rossen, cuenta la historia de Charles Davis (John Garfield), un muchacho de origen humilde (como es el caso de las grandes leyendas del género) que ansia obtener fama —mas que gloria— dedicándose al boxeo profesional, para lo cual deberá enfrentarse primero a su madre y novia quienes no aceptan su decisión y después a sus propios conflictos internos que mas que pugilísticos son espirituales, y los cuales rápidamente lo van involucrando en un juego de artimañas y manejos inescrupulosos por parte de su promotor mostrándonos lentamente la degradación no física sino moral del personaje, que finalmente aceptará ser derrotado en uno de sus combates para obtener dinero sin importarle mucho el éxito o la gloria que todo boxeador anhela.
Al ser un film bastante anterior a los otros, parece lento en su narración pero no por ello está exento de energía argumental, además posee la intriga y el realismo de cine policial negro propio de la época, exhibiendo entonces, no sólo la decadencia del hombre-boxeador (Raging bull), ni la sacrificada disciplina del deportista (Rocky), sino también los oscuros procedimientos amañados que envuelven a los hombres en el negocio-espectáculo boxístico.

Ali (2000) de Michael Mann, al internarse en las peripecias vivenciales de un mito viviente y, para muchos, el mejor pugilista de toda la historia, se aleja en primera intención de la leyenda colectiva aún vigente, y prefiere abordar al personaje desde una perspectiva humanizante, es decir, esta es la historia de Cassius Clay (identidad original del personaje) antes que la de su superego Muhammad Ali. Los diez años escogidos por Mann para mostrarnos al personaje (1964 - 1974), sin duda, fueron los más intensos del deportista, sin embargo, es mérito del director el manejo profuso que hace en la mostración de las circunstancias periféricas a su éxito o fracaso (la verborreica actividad política de Ali, su conversión al Islam, su amistad con Malcom X, su negativa de asistir al servicio militar, la intervención de la CIA, etc). Mann echa mano de recursos conocidos en él, el protagonismo de la música es notorio, y el cuidado minucioso de la fotografía juegan en favor del espectador. A pesar de sus casi tres horas, la vida intensa del personaje (en la película) resulta atrapante, y se traduce en la corroboración de antiguos adagios referentes al éxito: todos nos acompañan en el triunfo pero sólo los escenciales en la derrota, el poder nos convierte en monstruos, la vanidad es destructiva, el éxito es imperdonable, los buenos finalmente triunfan. Y Michael Mann, Will Smith y Jonh Voight salen victoriosos.