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CINEFILIA En esta sección opinaremos acerca de cuatro (04) películas ejemplificadoras de las variantes estéticas, protagónicas y de guión, abordados en ellas. Quizá el único elemento común en estas sea la línea argumental principal (inicios como amateur, entrenamiento, logro del éxito, cuesta abajo, debacle y decadencia del púgil), con la salvedad de que cada autor remarque alguno o más aspectos para lograr los objetivos perseguidos en cada una de las películas. Comenzaremos con la que es considerada la mejor película de los 80 y una de las mejores de todos los tiempos:
Rocky (1976), en cambio, es una visión casi descriptiva
del sacrificio personal por obtener el éxito. Rocky Graciano
(Silvester Stallone) hijo de inmigrantes italianos, batalla disciplinadamente
durante casi todo el film para alcanzar su sueño, el cual llega
precisamente al final de la película. Típico argumento
y estructura de film que realza la disciplina, los deseos de superación,
la esperanza y otros valores que ciertamente el hombre posee pero difícilmente
confluyen al mismo tiempo para obtener el objetivo trazado. En todo
caso necesario para recordarnos que se pueden conseguir las cosas (materiales
o no) si es que uno lucha por ellas. Comparable a algunas obras de Paulo
Coelho, en la concepción de la búsqueda y superación
humana a partir de si misma, muy distinta al Toro Salvaje donde ello
no es perdurable ni siquiera se vislumbra sino la lenta espera de la
caída, incluso en el éxito, como si se supiera que el
triunfo y la gloria, son efímeros, nada más que espejismos
que más temprano que tarde se desvanecerán a causa de
nuestras propias manos. Cuerpo y Alma (Body and Soul 1947) de Robert Rossen, cuenta
la historia de Charles Davis (John Garfield), un muchacho de origen
humilde (como es el caso de las grandes leyendas del género)
que ansia obtener fama mas que gloria dedicándose
al boxeo profesional, para lo cual deberá enfrentarse primero
a su madre y novia quienes no aceptan su decisión y después
a sus propios conflictos internos que mas que pugilísticos son
espirituales, y los cuales rápidamente lo van involucrando en
un juego de artimañas y manejos inescrupulosos por parte de su
promotor mostrándonos lentamente la degradación no física
sino moral del personaje, que finalmente aceptará ser derrotado
en uno de sus combates para obtener dinero sin importarle mucho el éxito
o la gloria que todo boxeador anhela. Ali (2000) de Michael Mann, al internarse en las peripecias vivenciales de un mito viviente y, para muchos, el mejor pugilista de toda la historia, se aleja en primera intención de la leyenda colectiva aún vigente, y prefiere abordar al personaje desde una perspectiva humanizante, es decir, esta es la historia de Cassius Clay (identidad original del personaje) antes que la de su superego Muhammad Ali. Los diez años escogidos por Mann para mostrarnos al personaje (1964 - 1974), sin duda, fueron los más intensos del deportista, sin embargo, es mérito del director el manejo profuso que hace en la mostración de las circunstancias periféricas a su éxito o fracaso (la verborreica actividad política de Ali, su conversión al Islam, su amistad con Malcom X, su negativa de asistir al servicio militar, la intervención de la CIA, etc). Mann echa mano de recursos conocidos en él, el protagonismo de la música es notorio, y el cuidado minucioso de la fotografía juegan en favor del espectador. A pesar de sus casi tres horas, la vida intensa del personaje (en la película) resulta atrapante, y se traduce en la corroboración de antiguos adagios referentes al éxito: todos nos acompañan en el triunfo pero sólo los escenciales en la derrota, el poder nos convierte en monstruos, la vanidad es destructiva, el éxito es imperdonable, los buenos finalmente triunfan. Y Michael Mann, Will Smith y Jonh Voight salen victoriosos. |
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