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HISTORIA
La Ambulancia
Una historia de muertos
por David Liñán

Ese hijo de puta no sale, maldito negro de mierda, tenía que imaginarme que era tan imbécil el negro que llegaría tarde hasta para su muerte. No podemos aplazar más el plan, ¡maldita sea!, ¡negro imbécil!.

¡Al fin sale el idiota! ni se da cuenta que lo estamos vigilando y que además ya tenemos tres semanas detrás de él. Sigue la misma ruta de siempre, prendemos el auto y nos ubicamos al otro lado del parque por donde él sale.

El será el primer mono en morir y demostrar a los demás monos que había llegado el final de sus días, que ya no podrían infectar el aire con sus alientos, matar nuestra ciudad con su miseria, ensuciar las calles con sus vidas, que al fin la fuerza aria eliminaría todo problema de raza inferior en el país. Primero los hijos de los monos, luego los amarillos y al final los latinos. La raza aria, ella es nuestra fuerza, nuestra energía, nuestra vida, todo obstáculo para el neo-nazismo es un obstáculo para nosotros, los tres somos la muestra de la esencia aria, Hitler estaría orgulloso de tenernos en sus Juventudes Hitlerianas, nosotros lo estaríamos. En cambio ese negrito baboso, comedor de estiércol, con su ADN de mono y cabello quemado, él que debería ser sólo un esclavo, deambula por las calles, come en nuestros restaurantes, viola a nuestras mujeres, nos quita los trabajos, él, debe morir, dejar esta tierra para verdaderos hombres que sirvan a la sociedad nacional-socialista con orgullo y decisión, como nosotros.

Sin darnos cuenta había empezado a llover, además la noche era tan oscura, pareciera que los dioses estuvieran de nuestro lado, pero, ¡a la mierda con los dioses!, sólo necesito creer en mi fe, en mí raza. Jalé la última “línea” de droga y salimos a cazar al maldito mono, él venía cantando una canción de negros, así que no nos vio ubicarnos alrededor de él, negro imbécil. Ni se dio cuenta de la piedra que le cayó en el rostro, los tres nos lanzamos encima de él, empezó a gritar, el negrito doña pepa no dejaba de llorar como mujer, de suplicar que no le hagamos daño, chillaba como cerdo, su llanto me daba cólera, ni morir sabía el idiota, le clave tres veces el cuchillo, su sangre salía por todos lados, sangre de negro, este era el momento tan esperado, parado encima de su cuerpo, contemplándolo, “un negro menos, un ario feliz”.

La sirena de la policía sonaba a lo lejos, algún negro escuchó los gritos de este negrito al morir, los segundos se extienden al correr en dirección al auto, podíamos sentir la energía fluir por nuestros cuerpos, la alegría del primer muerto, el carro encendió sin problemas y nos dimos tiempo aún de aumentar el volumen de la radio, en ella sonaban los Sex Pistols, la velocidad nos dirigía, la sirena sonaba como el grito de miles de negros que lloraban su muerte por adelantado, empezamos a disparar y ellos nos devolvían los disparos, las balas pasaban cerca de nuestras cabezas, zumbando, volteaban sus rostros al pasar por nuestros lados, se reían, se alejaban. Nada nos podía parar, por más que la pista cambiara, se derritiera, se curvara, lo que sea, nos movíamos a tal velocidad, como el rayo, entonces… un giro de más… las llantas que resbalan… las vueltas de campana… el choque… la oscuridad…

Aún se escucha la sirena sólo que es un sonido más constante, el carro se mueve más despacio, me duele todo el cuerpo, no siento las piernas, a pesar de haber abierto los ojos aún no puedo enfocar bien la vista, levanto mi cabeza y me doy cuenta que estoy en una camilla, en una ambulancia, observo una figura oscura frente a mí, no puedo respirar bien, mis ojos empiezan a salir de las tinieblas, escapé de la muerte, maté un negro y escapé de la muerte.

Levanto un poco la cabeza observo mi cuerpo lleno de heridas y de sangre, no tengo piernas, ¡NO TENGO PIERNAS!, noooo… noo... mis piernas, mierda, coff coff… no puedo respirar, recién me doy cuenta que al no poder respirar fue que desperté, la persona que esta en la oscuridad está apagando todo el equipo de respiración artificial, las tinieblas se despejan y… y… si no fuera porque yo maté a ese negro de mierda… juraría que ese es… el mismo negro… que me esta quitando… el equipo de oxígeno.


Dibujo: David Liñán