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| ANATÓMICA
«Camel toe», sin embargo, es un término ingenioso y de imposible traducción, tanto por su origen figurativo como por su referente metafórico. «Camel toe» literalmente significa «dedo de camello» (véase abajo la imagen de la pezuña del camélido). Nótese la pata bidactilar del animal y de la figura que forma, el ingenio gringo la hubo asociado a la de los labios mayores de la vulva femenina cuando es presionada por la ropa. El resto de imágenes es elocuente. El «camel toe» es un efecto natural de la ropa ceñida sobre un pubis depilado y sin ropa interior intermedia. Por el andar y la presión de la vestimenta elástica, ésta se introduce en los pliegues genitales descubriendo la forma vulvar y definiendo los labios mayores. La ropa de baño mojada al salir del agua, o la pantaleta húmeda por el sudor en un gimnasio, no hacen sino acelerar este efecto. En un descuido, una señorita puede estar haciendo explícita mostración de sus genitales ignorándolo, y el voyeurista que llevamos dentro se solaza ante la visión de tal espectáculo. |
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En internet existen legiones de aficionados a este tipo de eventos, cazadores de «camel toes», también. Se camuflan en las playas, piscinas públicas y gimnasios, y cámara en mano engrosan galerías. Inclusive la comunidad gay tiene su propia versión de «camel toes», aunque éstos ya no tienen que ver con la forma camélida. Pero, ¿porqué aquí es prácticamente desconocido el «camel toe»?. En primer lugar porque para que uno se forme, es necesaria la depilación genital y esta costumbre no es común en los países del sur. Por más ceñida o húmeda la malla o bañador, la presencia de vello púbico impide que esta se pliegue hacia el interior. Segundo porque el calzón es una institución que nadie quiere abandonar, en gringolandia se prescinde de él para muchos atuendos y eso favorece la aparición de «camel toes». Por ello es que ni siquiera existe denominación castellana para algo similar, porque no suele ser común ni en playas, ni albercas, ni gimnasios. Es probable que alguna vez la ropa ceñida de anfitrionas nacionales haya mostrado un «camel toe» en algún lugar de Lima. Descubrirlo es tarea para la casa. Consecuencia de este discernimiento seguramente será, que los lectores de este texto estarán pendientes, a partir de ahora; de la aparición de «camel toes» en los lugares pertinentes. Obsequiemos afeitadoras a las mujeres y propongamos un nombre castellano para el dedo camélido. ¿Será esto posible?. |
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